18 de febrero de 2011

El día que esté viejo

El día que esté viejo y ya no sea el mismo, ten paciencia y compréndeme.
Cuando derrame comida sobre mi camisa y olvide como atarme mis zapatos, tenme paciencia; recuerda el tiempo que pasé enseñándote a hacer las mismas cosas.
Si al conversar conmigo, repito y repito las mismas palabras y sabes de sobra como termina, no me interrumpas y escúchame. Cuando eras pequeño, a la hora de dormir, tuve que contarte muchísimas veces el cuento que tanto te gustaba hasta que cerrabas los ojitos.
Cuando me veas inútil e ignorante frente a todas las cosas tecnológicas que ya no podré entender, te suplico que me des todo el tiempo que sea necesario y no cedas a lastimarme con burlas. Acuérdate cuando te enseñaba tantas cosas. Mucho de lo que sabes: comer, vestirte y cómo enfrentar la vida tan bien como lo haces, es producto de mi esfuerzo y perseverancia.
Cuando, mientras conversamos, me llegue a olvidar de qué estábamos hablando, dame todo el tiempo que sea necesario hasta que recuerde, y si no puedo hacerlo no te impacientes; tal vez no era importante lo que hablaba y lo único que quería era estar contigo y que me escucharas en ese momento.
Cuando mis piernas fallen por estar cansadas de andar dame tu mano tierna para poder apoyarme como lo hice contigo cuando comenzaste a caminar con tus débiles piernitas.
Por último, cuando algún día me oigas hablar de mi muerte, no te enfades. Algún día entenderás que esto no tiene que ver con tu cariño o cuánto te ame. Trata de comprender que ya sólo estaré sobreviviendo, y eso no es vivir. Siempre quise lo mejor para ti y he preparado muchos de los caminos que has debido recorrer. Piensa entonces que con este paso final, estaré construyendo para ti otra ruta en otro tiempo, pero siempre contigo.
No te sientas triste, enojado o impotente por verme así. Dame tu corazón, compréndeme y apóyame mientras me estoy yendo, como lo hice contigo cuando empezaste a vivir. Dame amor y paciencia, que te devolveré gratitud y sonrisas con el inmenso amor que tengo por ti.

Atentamente

Tu viejo.

1 comentario:

  1. La frase: si yo te olvido, por favor no te olvides de mi... me resulta tierna e impactante.

    Todavía no llegué a esa época donde uno tiene que hacerse cargo de sus mayores, es decir lo padres ó algún familiar directo. Pero me entristece ver como algunos de esos mayores son prácticamente apartados del núcleo familiar, se les presta una mínima atención y reciben, poco o nada de cariño.

    Se podría entender que esa relación familiar no sea buena porque a lo largo de los años, la vida familiar tampoco fue buena. Si nunca hubo ese vinculo afectivo o, se rompió por circunstancias irreparable, es de entender que ahora en la vejez no se creará ningún vinculo y, pueda llegar a convertirse en una carga.

    Hay padres severos, malos, .... al igual que hay hijos severos, malos... Puedo comprender que a un padre malo, tenga un hijo que con la madurez se comporte mal con él. Pero no me cabe en la cabeza que padres extraordinarios, que han demostrado siempre amor por sus hijos, se dejaran la piel por sacarlos adelante e hiciesen de ellos alguien con un porvenir, se vean ahora arrinconados, ignorados e incluso maltratados por su hijos/as, nueros/as.

    Alguien que no quiere y cuida de sus mayores desinteresadamente, estoy convencida que nunca formará un hogar feliz y, la historia volverá a repetirse.

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